Idea fundamental de Charles Darwin que logra explicar -en términos sencillos, coherentes y sin recurrir a factores sobrenaturales- cómo es que el mundo vivo tiene tanta diversidad y parece estar tan exquisitamente adaptado a su entorno.
La teoría sólo requiere de los siguientes ingredientes:
- Herencia: Cuando los seres vivos se reproducen, tienden a heredar sus características a su progenie.
- Variabilidad: Esta herencia -por distintos motivos- no produce siempre una copia idéntica, lo cual genera cierto grado de variabilidad en las características de los individuos de una población determinada.
- Selección natural: Dada esta variabilidad, algunos individuos están mejor equipados para lidiar con los desafíos que le propone el ambiente en el que están insertos. Estos individuos, entonces, tienen una ventaja reproductiva cuyo efecto es que estos rasgos se hereden más, y terminen siendo más comunes en la población. A estos rasgos se les llama adaptación.
Una de las consecuencias más relevantes de esta teoría, la cual devino un dogma en la biología, es que:
“La selección natural no tiene finalidad. No hay una meta a la que se dirija lenta e inexorablemente. O, dicho en jerga filosófica: no es teleológica, no está dirigida a un telos, a un fin último, por más que muchas veces se la piense de esa manera.” (Location 205)