Frase acuñada por Michael Tomasello para hacer referencia a una particularidad específica del ser humano: está biológicamente diseñado por la evolución para depender de las tecnologías culturales que ha diseñado.
Esto hace referencia a cosas tan básicas y antiguas -como el fuego y el lenguaje-, como a otras más recientes -como la escritura, la agricultura, los sistemas de gobierno y el internet-.
Para ser capaces de implementar esta flexibilidad fenotípica y de comportamiento, se hace necesario que el desarrollo del sistema nervioso esté bastante incompleto al momento del nacimiento, y que termine su cableado mucho tiempo después del parto. Como señala Barrett (2024), “el cerebro de un infante no es un cerebro adulto en miniatura, es un cerebro que espera instrucciones de cableado del mundo” que debe recibir para desarrollarse de manera típica. El mecanismo a través del cual se logra esta adaptación es doble: el afinamiento y la poda neuronal.
Este tipo de flexibilidad se observa en todos los animales altriciales en un grado correlativo al tiempo de dependencia que cada cría requiere para madurar y ser funcional de manera independiente. En este sentido, el ser humano es la especie que más tiempo requiere por lejos. ¿Datos o métricas que respalden esto? → Alison Gopnik
Crucialmente, esta dependencia no es solo de cuidado físico, sino también sociocultural. Como explica Barrett (2024), “tenemos una naturaleza que requiere de la crianza. Los infantes humanos necesitan contacto visual, tacto, ciertos tipos de olores, necesitan ser abrazados. Sin este input social, el cerebro de ese infante no se cableará de manera neurotípica”. Esta evidencia confirma que somos una especie biológicamente diseñada para depender de inputs sociales específicos.
Ejemplos visibles de esto es la facilidad que tienen las guaguas para distinguir sonidos de todos los idiomas en sus primeros meses de vida, capacidad que luego va disminuyendo en la medida en que ciertas distinciones no son relevantes. Mantener esa capacidad es costoso, por lo cual la poda destruye esas sinapsis y cognitivamente la capacidad deja de estar disponible.
La especificidad humana radica en que, como argumenta Tomasello (2024), “los humanos no desarrollan sus capacidades cognitivas complejas basándose únicamente en poder cerebral individual, sino que están adaptados para aprovechar el conocimiento de otros, colaborando y comunicándose con ellos”. Esta diferencia fundamental explica por qué “si criaste a un chimpancé en una isla desierta y a un niño en una isla desierta, no terminarían siendo tan diferentes. Pero los humanos están adaptados” específicamente para la transmisión cultural (Tomasello, 2024).
Un ejemplo impresionante, recientemente descubierto, muestra cómo el tamaño del cerebro de los seres humanos disminuyó significativamente desde la invención de la agricultura y el establecimiento en grandes ciudades. Es decir, gracias a la división del trabajo. 1
Referencias:
Barrett, L. F. (2024, marzo 21). Counterintuitive Ideas About How the Brain Works (Entrevista de audio). En Lex Fridman Podcast. https://share.snipd.com/episode/f908e41d-24d4-4026-8090-628715c4f418
Tomasello, M. (2024, marzo 21). The Social Origins of Cognition and Agency (Entrevista de audio). En Sean Carroll’s Mindscape: Science, Society, Philosophy, Culture, Arts, and Ideas. https://share.snipd.com/episode/88463213-ff19-4b10-ba50-b672dfbb237a