La economía de la atención ha generado un ecosistema digital con sobreabundancia de contenido. Dado que gran parte de este contenido se utiliza como estrategia de Marketing, es generado en grandes cantidades, optimizado para captar vistas, clicks y conversiones.
Este contenido captura agresivamente nuestra atención, desplazando competitivamente a otro tipo de producciones que buscan involucrarnos de manera más profunda, lo cual requiere de más esfuerzos, tanto a nivel de nuestras capacidades cognitivas como del involucrado en la configuración del contexto requerido para desplegarlas.
Si bien, en tanto simios biológicamente culturales estamos disponibles para relacionarnos productivamente con ideas, esa capacidad evolucionó en nichos culturales radicalmente distintos al actual, en donde la información era limitada y producida por agentes con los cuales nos podíamos relacionar cara a cara.
Una situación muy similar sucede en relación a la alimentación y la disponibilidad de nutrientes. Siendo simios neolíticos, estamos muy atraídos por alimentos hipercalóricos y grasosos que eran escasos en nuestro ambiente evolutivo, pero que hoy son omnipresentes. Esto nos ha llevado a plantearnos la necesidad de tener una relación más racional con lo que ingerimos, reconociendo que ser indulgentes con nuestros impulsos no es una estrategia saludable.
En ese sentido, se puede plantear la necesidad de un acercamiento análogo al contenido que ingerimos, buscando tener una relación intencionada y regulada con el mismo, mientras equilibramos el consumo con la producción.
Como dice Paul Graham en su ensayo sobre la necesidad de leer:
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