Un ecosistema es un nudo dinámico en el que interactúan clima, territorio y seres vivos. Lo nombramos como una “cosa”, pero en verdad es un conjunto de procesos que mantienen una cierta estabilidad por la presión que cada elemento ejerce por intentar sobrevivir y procrear.
La mente humana es similar: una selva de procesos emocionales, conductuales, relacionales y pensamientos. Nuestra experiencia consciente nos da la sensación de que la mente es una unidad coherente, pero esto no es más que una ilusión: tal como no tenemos noticia del gran forado de información visual que genera el nervio óptico al interrumpir la retina, simplemente no somos conscientes de las grietas que acusan el ensamblaje que nos constituye.
Entender esta naturaleza tipo collage nos ayuda a hacer sentido de aquellas situaciones en las que mantenemos posiciones contradictorias frente a una misma situación: amo a esta persona, pero al mismo tiempo la odio; adscribo a este principio, pero frecuentemente no lo respeto.
O… En palabras del gran Carlitos Caszely: “No tengo por qué estar de acuerdo conmigo mismo”