LA VIDA SECRETA DEL CEREBRO

Introducción Un supuesto de dos mil años de antigüedad

La historia tradicional de la emoción vendría a decir: todos llevamos emociones incorporadas desde el nacimiento. Son fenómenos definidos y reconocibles dentro de nosotros. (Location 70)

Según la visión clásica de la emoción, tenemos muchos circuitos emocionales en el cerebro y cada uno da lugar a un conjunto característico de cambios, (Location 82)

Puesto que experimentamos ira, alegría, sorpresa y otras emociones como estados claros e identificables, parece razonable suponer que a cada emoción le corresponda una pauta subyacente concreta en el cerebro y en el cuerpo. (Location 85)

Desde una visión clásica, las emociones son productos de la evolución que fueron positivos para la supervivencia hace mucho tiempo y que ahora son un componente fijo de nuestra naturaleza biológica. Como tales, son universales: personas de todas las edades y culturas, y de cualquier parte del mundo, deberían experimentar la tristeza más o menos como nosotros, igual que hicieron nuestros antepasados homininos que deambulaban por la sabana africana hace un millón de años. (Location 87)

Así pues, se cree que las emociones son una especie de reflejo bruto que con mucha frecuencia se opone a nuestra racionalidad. La parte primitiva de nuestro cerebro quiere que digamos al jefe que es un idiota, pero nuestra parte deliberativa sabe que si lo hiciéramos nos despediría y por eso nos contenemos. Esta especie de batalla interior entre la emoción y la razón es una de las grandes narraciones que conforman la civilización occidental. (Location 93)

a pesar del distinguido «pedigrí» intelectual de la visión clásica de la emoción y a pesar de su enorme influencia en nuestra cultura y en nuestra sociedad, hay abundantes pruebas científicas de que esta visión es errónea. Aun después de un siglo de intentos, la investigación científica no ha revelado ninguna huella dactilar física constante ni siquiera para una sola emoción. Cuando los científicos colocan electrodos en el rostro de una persona y miden cómo se mueven sus músculos faciales al experimentar una emoción, en lugar de uniformidad encuentran una variedad enorme. Y encuentran la misma variedad —la misma ausencia de huellas dactilares— cuando estudian el cuerpo y el cerebro. Podemos experimentar ira con o sin un aumento de la presión sanguínea; podemos experimentar miedo con o sin una amígdala, la región del cerebro que históricamente se ha considerado la sede del miedo. (Location 117)

Las emociones son reales, pero no en el mismo sentido objetivo que las moléculas o las neuronas. Son reales en el sentido en que lo es el dinero, es decir, no son una ilusión, pero sí un producto del consenso humano. (Location 130)

«teoría de la emoción construida», (Location 132)

Usando fragmentos de experiencias pasadas, como mi conocimiento de otros tiroteos y la tristeza que me hicieron sentir, mi cerebro predijo con rapidez lo que debería hacer mi cuerpo para afrontar aquella tragedia. (Location 136)

las palpitaciones, el rostro enrojecido, el nudo en la garganta y las lágrimas podrían tener sentido como otra emoción distinta de la tristeza como la ira o el miedo. (Location 142)

La visión clásica de la emoción sigue siendo convincente a pesar de las pruebas en contra, precisamente porque es intuitiva. (Location 149)

CAPÍTULO 1 La búsqueda de las «huellas dactilares» de las emociones

resultó que, después de todo, mis experimentos no habían fallado. Mi primer experimento «fallido» en realidad dio lugar a un verdadero descubrimiento: que las personas no suelen distinguir entre sentirse deprimidas y sentir ansiedad. Los siete experimentos siguientes tampoco habían fallado: habían reproducido el primero. (Location 218)

Después de examinar a más de setecientos sujetos estadounidenses, descubrimos que las personas difieren muchísimo en la diferenciación de sus experiencias emocionales. (Location 228)

Un interiorista experto puede contemplar cinco tonos de azul y hacer la distinción entre azul celeste, azul cobalto, azul de ultramar, azul marino y cian. Pero para mi marido todos esos colores son «azul». Mis estudiantes y yo habíamos descubierto un fenómeno similar para las emociones al que llamé «granularidad emocional». (Location 230)

Según la visión clásica de la emoción, nuestro rostro es la clave para evaluar las emociones con objetividad y precisión. Una de las principales inspiraciones de esta idea fue el libro de Charles Darwin La expresión de las emociones en el hombre y en los animales, donde defendía que las emociones y sus expresiones eran una parte antigua de la naturaleza humana universal. Se afirma que todas las personas, en todo el mundo, manifiestan y reconocen las expresiones faciales de las emociones sin ninguna clase de entrenamiento. (Location 254)

Según la visión clásica, cada emoción se plasma en el rostro como una pauta concreta de movimientos, una «expresión facial». (Location 268)

A partir de estas pruebas, los científicos llegaron a la conclusión de que el reconocimiento de las emociones es universal: con independencia de donde hayamos nacido o crecido, deberíamos ser capaces de reconocer expresiones faciales de estilo estadounidense como las de las fotografías. Según este razonamiento, la única manera de que esas expresiones puedan ser reconocidas universalmente es que su producción sea universal: por lo tanto, las expresiones faciales debían ser huellas dactilares diagnósticas y fiables de las emociones.8 (Location 300)

Una técnica más objetiva, llamada electromiografía (EMG) facial, elimina por completo a los perceptores humanos. (Location 306)

la EMG facial plantea un serio desafío a la visión clásica de la emoción. En un estudio tras otro, los movimientos musculares no indican de una manera fiable si alguien siente enfado, tristeza o miedo; no constituyen huellas dactilares previsibles para cada emoción. En el mejor de los casos, la EMG facial revela que estos movimientos distinguen entre sentimientos agradables y desagradables. Y peor aún, los movimientos faciales registrados en estos estudios no coinciden de una manera fiable con las fotografías creadas para el método de las emociones básicas. (Location 314)

Es una técnica menos objetiva que la EMG facial porque se basa en perceptores humanos, pero es de suponer que es más objetiva que establecer correspondencias entre palabras y rostros preparados como hace el método de las emociones básicas. (Location 331)

cuando los científicos observan a bebés en situaciones que deberían suscitar una emoción, los bebés no hacen las expresiones esperadas. (Location 337)

Lo cual eria evidencia en favor de la emocion construida

emociones expresión facial bebés

cuando personas adultas vieron esos vídeos, identificaron de algún modo que los bebés del vídeo del gorila se asustaban y que los del vídeo en el que no podían mover un brazo se enfadaban, ¡incluso cuando Camras y Oster borraron electrónicamente las caras de los bebés! Los adultos distinguieron el miedo de la ira basándose en el contexto, sin ver ni tener en cuenta ningún movimiento facial. (Location 341)

otros científicos también han demostrado que obtenemos muchísima información del contexto. Han compuesto fotografías con caras y cuerpos que no se corresponden, como una cara de enfado con un cuerpo que sujeta un pañal sucio, y los sujetos casi siempre identifican la emoción correspondiente al cuerpo, no al rostro: en este caso concreto, asco en lugar de ira. (Location 348)

El «Miedo» no adopta una sola forma física. La variación es la norma. Lo mismo sucede con la alegría, la tristeza, la ira y cualquier otra emoción: todas son categorías diversas con movimientos faciales que varían mucho. (Location 383)

Conclusion de los estudios sobre expresion facial de las emociones.

emociones expresión facial

«Un momento —podría pensar el lector—. ¿Está usted diciendo que nuestra cultura ha creado estas expresiones y que todos las hemos aprendido?» La verdad es que sí. Y la visión clásica perpetúa estos estereotipos como si fueran las verdaderas huellas dactilares de las emociones. (Location 392)

Si reunimos todas las pruebas científicas no podemos afirmar, con una certeza razonable, que cada emoción tiene una expresión facial diagnóstica. (Location 397)

En relación con las emociones y el sistema nervioso autónomo, en los últimos dos decenios se han realizado cuatro metaanálisis importantes, el más importante de los cuales se ha basado en más de 220 estudios de fisiología con casi 22.000 sujetos. En ninguno de estos cuatro metaanálisis se han hallado huellas dactilares constantes de emociones concretas en el cuerpo, porque la orquesta de órganos internos del cuerpo puede tocar muchas sinfonías diferentes durante la alegría, el miedo y el resto de emociones. (Location 455)

cambios pequeños de la postura corporal, como recostarse en lugar de inclinarse hacia delante con los brazos cruzados, pueden alterar por completo la respuesta fisiológica de una persona furiosa. (Location 465)

¿Qué significa que cuatro metaanálisis en los que se resumían centenares de experimentos no revelaran unas huellas dactilares constantes y específicas de distintas emociones en el sistema nervioso autónomo? No significa que las emociones sean una ilusión o que las respuestas corporales sean aleatorias. Significa que en ocasiones diferentes, en contextos diferentes, en estudios diferentes, en una misma persona y en personas diferentes, la «misma categoría emocional supone respuestas corporales diferentes». Lo normal es la variación, no la uniformidad. Estos resultados coinciden con lo que los fisiólogos saben desde hace más de cincuenta años: que conductas diferentes tienen pautas diferentes de ritmo cardíaco, respiración, etc., que sustentan sus movimientos.28 A pesar de la tremenda inversión de tiempo y de dinero realizada, la investigación no ha revelado una huella dactilar corporal consistente ni siquiera para una sola emoción. (Location 478)

Entonces no lo sabía, pero cuando estaba considerando las categorías emocionales en toda su diversidad, sin darme cuenta, estaba aplicando una manera de pensar habitual en biología conocida como «pensamiento poblacional», que fue propuesta por Darwin. Una categoría, al igual que una especie animal, es una población de miembros diferentes que varían unos de otros, sin una huella dactilar en su núcleo. En el nivel de grupo, una categoría solo se puede describir en términos estadísticos abstractos. (Location 497)

Ningún caso concreto se parecerá necesariamente a la escurridiza huella dactilar de la ira. Y lo que hemos estado llamando «huella dactilar» podría ser un simple estereotipo. (Location 502)

Cuando adopté la perspectiva del pensamiento poblacional, todo el panorama cambió científicamente hablando. Dejé de ver la variación como un error y empecé a verla como algo normal e incluso conveniente. (Location 504)

Los científicos vieron que SM podía percibir miedo en la postura corporal y en la voz. Incluso hallaron una manera de hacer que SM sintiera miedo pidiéndole que respirara aire que contenía más dióxido de carbono del normal. Al faltarle la cantidad habitual de oxígeno, SM entró en pánico (que nadie se preocupe porque no corría ningún peligro). Así pues, estaba claro que SM podía sentir y percibir miedo en ciertas circunstancias aunque careciera de las amígdalas. (Location 538)

Estos hallazgos contradicen la idea de que la amígdala contiene el circuito del miedo, y apuntan a la noción de que el cerebro debe tener múltiples formas de generar miedo y que, en consecuencia, la categoría emocional «Miedo» no se localiza necesariamente en una región concreta. (Location 552)

Debe quedar claro que no estoy diciendo que todas las neuronas del cerebro hagan exactamente lo mismo, ni que una neurona pueda sustituir a cualquier otra (esta noción recibe el nombre de equipotencialidad y ya hace tiempo que ha sido refutada). Lo que digo es que la mayoría de las neuronas son «multiusos» y desempeñan más de un papel, del mismo modo que la harina y los huevos de nuestra cocina pueden intervenir en muchas recetas. (Location 574)

Este metaanálisis tan exhaustivo consiguió poco respaldo para la visión clásica de la emoción. Por ejemplo, se encontró un aumento sistemático de la actividad de la amígdala en estudios del miedo, más del que cabía esperar del azar, pero solo en una cuarta parte de los estudios de la experiencia de miedo y en cerca del 40% de los estudios de la percepción de miedo. Estas cifras no llegan a lo que cabría esperar de una huella dactilar neural. Además, la actividad de la amígdala también mostró un aumento sistemático en estudios de la ira, el asco, la tristeza y la alegría, lo que indica que con independencia de cuáles fueran las funciones que realizara la amígdala en algunos casos de miedo, realizaba las mismas funciones en otras emociones. (Location 612)

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es difícil conseguir que los sujetos experimenten una emoción en el momento oportuno. Intentar suscitar un miedo aterrador o una ira furibunda va contra las reglas: todas las universidades cuentan con comités que velan por la ética de los experimentos y que impiden que personas como yo inflijan demasiado dolor emocional a voluntarios inocentes. (Location 635)

Si queremos entender de verdad las emociones deberemos empezar a tomarnos en serio esta variación. Debemos plantearnos que una palabra para una emoción, como por ejemplo «Ira», no se refiere a una respuesta concreta con una huella dactilar física única, sino a un grupo de casos muy variables que están relacionados con unas situaciones concretas. Es mejor considerar lo que coloquialmente llamamos emociones (la ira, el miedo o la alegría, entre otras) como categorías emocionales, porque cada una es un conjunto de casos diversos. Del mismo modo que los casos de la categoría «Cocker spaniel» difieren en sus atributos físicos (longitud de la cola, longitud del morro, espesor del pelo, velocidad al correr, etc.) más de lo que los genes pueden explicar por sí solos, las manifestaciones físicas de los casos de «Ira» también varían (movimientos faciales, ritmo cardíaco, hormonas, acústica vocal, actividad neural etc.), y esta variación podría estar relacionada con el entorno o el contexto. (Location 646)

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CAPÍTULO 2 Las emociones se construyen

La experiencia con la figura 2-1 revela un par de cosas. Las experiencias pasadas del lector —de encuentros directos, fotografías, películas y libros— dan significado a sus sensaciones actuales. Además, todo el proceso de construcción es invisible para él. Por mucho que lo intente, no se puede observar a sí mismo ni experimentarse a sí mismo construyendo la imagen. (Location 697)

El cerebro usa nuestras experiencias pasadas para construir una hipótesis —la simulación— y la compara con la cacofonía que llega a nuestros sentidos. De este modo, la simulación deja que nuestro cerebro imponga significado en el ruido, seleccionando lo que sea pertinente e ignorando el resto. (Location 727)

El sentido común nos podría decir que pensar, percibir y soñar son sucesos mentales diferentes (al menos para quienes vivimos en las culturas occidentales), pero un mismo proceso general los describe a todos. La simulación es el modo por defecto de toda actividad mental. (Location 733)

Nuestras simulaciones relacionadas con la abeja tienen su raíz en nuestro concepto mental de lo que es una «Abeja». Este concepto no solo incluye información sobre la abeja misma (su aspecto, cómo suena, cómo respondemos a ella, qué cambios en nuestro sistema nervioso autónomo permiten esta respuesta, etc.), sino también información contenida en otros conceptos relacionados con las abejas («Prado», «Flor», «Miel», «Aguijón», «Dolor», etc.). Toda esta información se integra en el concepto «Abeja», y determina cómo simulamos la abeja en este contexto concreto. Así pues, un concepto como «Abeja» en realidad es un conjunto de pautas neurales en el cerebro que representan nuestras experiencias pasadas. Nuestro cerebro combina estas pautas de maneras diferentes para percibir y para guiar nuestra acción con flexibilidad en situaciones nuevas. (Location 742)

La construcción trata el mundo como una capa de masa de repostería, y nuestros conceptos son moldes que cortan perfiles, pero no porque los perfiles o límites sean naturales, sino porque son útiles o convenientes. (Location 750)

Cada instante que estamos vivos, nuestro cerebro usa conceptos para simular el mundo exterior. Sin conceptos somos experiencialmente ciegos, como en el caso de la abeja borrosa. Con conceptos, nuestro cerebro simula de una manera tan invisible y automática que la vista, el oído y los otros sentidos se parecen más a reflejos que a construcciones. Consideremos la siguiente pregunta: ¿y si el cerebro usa este mismo proceso para dar significado a las sensaciones del «interior de nuestro cuerpo», del alboroto que surge de los latidos del corazón, de la respiración y de otros movimientos internos? Desde el punto de vista del cerebro, el cuerpo no es más que otra fuente de estímulos sensoriales. Las sensaciones del corazón y los pulmones, del metabolismo, de los cambios de temperatura, etc., son como las manchas ambiguas de la figura 2-1. Estas sensaciones puramente físicas del interior del cuerpo no tienen un significado psicológico objetivo. Pero cuando nuestros conceptos entran en juego, esas sensaciones pueden adquirir un significado adicional. (Location 769)

En cada momento de vigilia, nuestro cerebro hace uso de la experiencia pasada, organizada en forma de conceptos, para guiar nuestros actos y dar significado a nuestras sensaciones. Cuando los conceptos implicados son conceptos emocionales, nuestro cerebro construye casos de emociones. (Location 803)

Las emociones no son reacciones al mundo. No somos receptores pasivos de estímulos —o inputs— sensoriales, sino constructores activos de nuestras emociones. A partir de inputs sensoriales y de experiencias pasadas, el cerebro construye significado y prescribe la acción. Si no tuviéramos conceptos que representaran nuestras experiencias previas, nuestros inputs sensoriales solo serían ruido. No sabríamos reconocer cuáles son las sensaciones, qué las ha causado, ni cómo ocuparnos de ellas. Con conceptos, el cerebro otorga significado a las sensaciones y, en ocasiones, ese significado es una emoción. (Location 818)

El enfoque construccionista de la emoción tiene dos ideas centrales. Una es que una categoría emocional como la ira o el asco carece de una huella dactilar. (Location 846)

Otra idea central es que las emociones que experimentamos y percibimos no son una consecuencia inevitable de nuestros genes. (Location 850)

En los años sesenta, los psicólogos Stanley Schachter y Jerome Singer inyectaron epinefrina (adrenalina) a unos sujetos —sin su conocimiento— y observaron que experimentaban este arousal misterioso como ira o como euforia en función del contexto que los rodeaba. (Location 876)

No todas las teorías coinciden en todos sus supuestos, pero sí que reafirman que las emociones se construyen (no se desencadenan), que las emociones son muy variables, sin huellas dactilares, y que, en principio, no son distintas de las cogniciones y las percepciones. (Location 880)

las interconexiones de nuestro cerebro no son consecuencias inevitables solo de nuestros genes. Hoy sabemos que la experiencia es un factor que también contribuye. Los genes, incluyendo los que conforman el «cableado» del cerebro, se activan y se desactivan en contextos diferentes (los científicos llaman a este fenómeno plasticidad). Esto significa que algunas de nuestras sinapsis se han creado literalmente porque otras personas nos han hablado o nos han tratado de una manera determinada. En otras palabras, la construcción se extiende hasta el nivel celular. La estructura «macro» de nuestro cerebro en gran medida viene predeterminada, pero el «microcableado» no. En consecuencia, las experiencias pasadas contribuyen a determinar nuestras experiencias y percepciones futuras. La neuroconstrucción explica por qué los bebés, que nacen sin la capacidad de reconocer un rostro, pueden desarrollar esta capacidad en los primeros días de vida. Y también explica por qué las primeras experiencias culturales —por ejemplo, el tiempo que nuestros cuidadores pasaban en contacto físico con nosotros, o si dormíamos solos en la cuna o en una cama familiar— conforman de maneras diferentes el cableado del cerebro. (Location 887)

la idea revolucionaria de Charles Darwin de que una categoría biológica, al igual que una especie, es una población de individuos únicos. (Location 909)

participamos activamente en determinar qué vemos, y la mayoría de las veces no somos conscientes de ello. (Location 1020)

Ninguna innovación científica revelará milagrosamente una huella dactilar biológica de ninguna emoción. La razón es que nuestras emociones no son algo intrínseco que espera ser revelado. Las emociones están construidas. Por nosotros. No reconocemos emociones ni identificamos emociones, sino que construimos nuestras experiencias emocionales y las percepciones de las emociones ajenas en el acto, según se necesite, mediante una compleja interacción de sistemas. Los seres humanos no estamos a merced de unos circuitos de emociones míticos sepultados profundamente en las partes animales de nuestro cerebro tan evolucionado, sino que somos los arquitectos de nuestra propia experiencia. (Location 1025)

«dependemos» de conceptos emocionales cada vez que experimentamos que otra persona siente una emoción. Hace falta el conocimiento del concepto «Tristeza» para interpretar que una expresión es de tristeza, el del concepto «Miedo» para interpretar que unos ojos muy abiertos expresan miedo, etcétera. (Location 1063)

En uno de los tres primeros estudios sin lista de nombres que se realizaron, los sujetos solo etiquetaron las caras con los nombres de emociones esperados (o con sinónimos) el 58% de las veces, y en estudios posteriores los resultados aún fueron peores.6 De hecho, si planteamos una pregunta más neutra sin hacer referencia a ninguna emoción —«¿Qué palabra describe mejor lo que sucede en el interior de esta persona?»—, el rendimiento aún es peor. (Location 1098)

Una serie de estudios llevados a cabo por los psicólogos James A. Russell y Sherri C. Widen revelaron que cuando se enseñan configuraciones faciales de emociones básicas a niños de dos y tres años, no las pueden etiquetar libremente si no poseen conceptos claramente diferenciados para «Ira», «Tristeza», «Miedo», etc. Los niños de esta edad utilizan palabras como «triste», «enfadado» y «asustado» de manera intercambiable, como los adultos con poca granularidad emocional. (Location 1137)

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Si el ser humano realmente tuviera una capacidad innata para reconocer expresiones emocionales, eliminar del método las palabras relacionadas con emociones no debería tener importancia… Pero la tiene, todas y cada una de las veces. Hay pocas dudas de que las palabras emocionales tienen una gran influencia en los experimentos, lo cual pone en duda al instante las conclusiones de «todos» los estudios realizados usando el método de las emociones básicas. (Location 1241)

Si examinamos a fondo los experimentos interculturales originales de los años sesenta, podemos detectar indicios de que los elementos conceptuales del método de las emociones básicas propiciaron que los resultados dieran la apariencia de universalidad. De las siete muestras que usaron sujetos de culturas remotas, las cuatro que usaron el método de las emociones básicas dieron pruebas sólidas de universalidad, pero las tres restantes, que usaron el etiquetado libre, no revelaron ningún indicio de universalidad. Estas tres muestras contrarias no se publicaron en publicaciones revisadas por expertos y solo aparecieron como capítulos de libros —una forma inferior de publicación en el mundo académico—, y rara vez se citan. (Location 1250)

No todas las culturas entienden las emociones como estados mentales internos. Por ejemplo, los conceptos emocionales de los himba y los hadza parecen estar más centrados en los actos. Lo mismo sucede con ciertos conceptos emocionales japoneses. Los ifaluk de Micronesia ven las emociones como transacciones entre personas. Para ellos, la ira no es una sensación de furia, un ceño fruncido, un puño que golpea o una voz que grita, todo dentro de la piel de una persona, sino una situación en la que dos personas representan un guion —una danza, si se quiere— en torno a un objetivo común. Para los ifaluk, la ira «no vive» dentro de los participantes. (Location 1267)

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hemos puesto en duda las pruebas de que las emociones sean universales. Solo «parecen ser universales en determinadas condiciones» cuando, intencionadamente o no, damos a la gente un poco de información sobre los conceptos emocionales occidentales. (Location 1284)

CAPÍTULO 4 El origen del sentir

La interocepción es la representación que hace el cerebro de todas las sensaciones de nuestros órganos internos y de nuestros tejidos, de las hormonas de nuestra sangre y de nuestro sistema inmunitario. (Location 1340)

la interocepción es uno de los ingredientes básicos de la emoción, del mismo modo que la harina y el agua son ingredientes básicos del pan, pero las sensaciones que provienen de la interocepción son mucho más simples que las verdaderas experiencias emocionales como la alegría o la tristeza. En este capítulo expondremos cómo actúa la interocepción y cómo contribuye a las experiencias y las percepciones emocionales. (Location 1345)

Puede parecer que su río de sensaciones le desborda y le inunda, pero la verdad es que usted es la fuente de ese río. (Location 1356)

La visión clásica tipifica esta forma de pensar: se supone que cuando aparece la serpiente, un «circuito del miedo» del cerebro, que normalmente se halla en posición off, se pone en posición on, dando lugar a unos cambios preprogramados en el rostro y en el cuerpo: los ojos se abren mucho, gritamos y huimos. (Location 1369)

Aunque la visión basada en el binomio estímulo-respuesta es intuitiva, es errónea. Los 86.000 millones de neuronas del cerebro, que están conectadas formando redes enormes, nunca están inactivas esperando que algo las excite. Las neuronas siempre se están estimulando mutuamente, a veces millones a la vez. Si hay oxígeno y nutrientes suficientes, estas cascadas enormes de estimulación, conocidas como «actividad cerebral intrínseca», se producen desde el nacimiento hasta la muerte. Esta actividad no tiene nada que ver con una reacción provocada por el mundo exterior. Es más parecida a respirar, un proceso que no exige ningún catalizador externo. (Location 1372)

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La actividad intrínseca del cerebro es el origen de los sueños, la imaginación, el vagar de la mente y la ensoñación, a los que llamamos colectivamente simulación. También producen todas las sensaciones que experimentamos, incluyendo las sensaciones interoceptivas que son el origen de nuestras sensaciones agradables, desagradables, tranquilas e inquietas más básicas. (Location 1386)

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Estas conversaciones neurales intentan prever todos los fragmentos de imágenes, sonidos, olores, gustos y sensaciones táctiles que experimentaremos, y todos los actos que haremos. Estas predicciones son las mejores suposiciones del cerebro sobre lo que está ocurriendo en el mundo que nos rodea y sobre cómo afrontarlo para mantenernos sanos y salvos. (Location 1402)

La predicción es una actividad tan fundamental del cerebro humano que algunos científicos la consideran el principal modo de funcionamiento del cerebro. (Location 1411)

Si el cerebro del lector predice perfectamente —digamos que ha predicho una manzana golden antes de llegar al mostrador donde están—, el input visual de la manzana captado por la retina no aporta información nueva más allá de la predicción. El input visual simplemente confirma que la predicción es correcta, y el input no necesita adentrarse más en el cerebro. Las neuronas de la corteza visual están actuando como deberían. Este proceso predictivo eficiente es la forma por defecto del cerebro para navegar por el mundo y entenderlo. Genera predicciones para percibir y explicar todo lo que vemos, oímos, saboreamos, olemos y tocamos. (Location 1421)

Si el cerebro solo fuera reactivo sería demasiado ineficiente para mantenernos vivos. (Location 1433)

el 90% de todas las conexiones que llegan a V1 (imagen inferior) transportan predicciones de neuronas de otras partes de la corteza. Solo una pequeña fracción transporta información visual del mundo. (Location 1453)

Estructura de un bucle de predicción. Las predicciones se convierten en simulaciones de sensaciones y movimientos. Estas simulaciones se comparan con el input sensorial real del mundo. Si coinciden, las predicciones son correctas y la simulación se convierte en nuestra experiencia. Si no coinciden, el cerebro debe resolver los errores. (Location 1479)

el cerebro no es una máquina simple que reacciona a estímulos del mundo exterior. Está estructurado como miles de millones de bucles de predicción que generan actividad cerebral intrínseca. Las predicciones visuales, auditivas, gustativas (gusto), somatosensoriales (tacto), olfativas (olor) y motoras viajan por todo el cerebro influyéndose y limitándose entre (Location 1510)

Cuando nuestras predicciones son lo bastante correctas, no solo crean nuestra percepción y nuestros actos, sino que también explican el significado de nuestras sensaciones. (Location 1532)

Desde el punto de vista del cerebro encerrado en el cráneo, el cuerpo no es más que otra parte del mundo que debe explicar. (Location 1550)

La gente llama a la hidrocortisona «hormona del estrés», pero es un error. Se libera hidrocortisona cada vez que necesitamos una oleada de energía, incluyendo las veces que estamos estresados. (Location 1607)

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Pido al lector que haga una breve pausa y reflexione sobre ello. ¡Alguien viene hacia nosotros mientras estamos quietos y nuestro cerebro predice que necesitaremos combustible! De este modo, cualquier suceso que impacte significativamente en nuestro presupuesto corporal se hace personalmente significativo para nosotros. (Location 1617)

afecto es la sensación general de sentir que experimentamos a lo largo de cada día. No es una emoción, sino una sensación mucho más simple con dos características. La primera es si la sensación es agradables o desagradable, lo que los científicos llaman «valencia». Lo agradable del sol en la piel o lo delicioso de nuestra comida favorita, y la molestia de un dolor de estómago o de un pellizco, son ejemplos de valencia afectiva. La segunda característica del afecto es lo tranquilos o excitados que nos sentimos, lo que se llama arousal (estado de alerta o de activación). La sensación vigorizante de prever buenas noticias, la sensación de nerviosismo después de beber demasiado café, la fatiga tras una larga carrera y el cansancio por falta de sueño son ejemplos de arousal elevado y reducido. Cuando tenemos la intuición de que una inversión es arriesgada o rentable, o una corazonada de que una persona es de fiar o es imbécil, eso también es un afecto. Incluso lo es una sensación totalmente neutra. (Location 1664)

La mayoría de los científicos están de acuerdo en que el afecto está presente desde el nacimiento, y que los bebés pueden sentir y percibir placer y desagrado, aunque no todos están de acuerdo en que los recién nacidos vengan al mundo con emociones plenamente formadas. (Location 1673)

Cuando nuestro presupuesto se desequilibra, nuestro afecto no nos indica cómo actuar de una manera concreta pero hace que el cerebro busque explicaciones. El cerebro usa constantemente las experiencias pasadas para predecir qué objetos y sucesos tendrán un impacto en nuestro presupuesto corporal modificando nuestro afecto. (Location 1688)

Cuando experimentamos un afecto sin saber la causa, es más probable que tratemos ese afecto como información sobre el mundo y no como nuestra experiencia del mundo. (Location 1721)

El lector podría pensar que, en la vida cotidiana, las cosas que vemos y oímos influyen en lo que sentimos, pero en gran medida es al revés: lo que sentimos altera lo que vemos y oímos. La interocepción del momento influye más que el mundo exterior en la percepción de las cosas y en cómo actuamos. (Location 1827)

el modelo de la persona económica racional se basa en una falacia biológica. No podemos actuar racionalente si el cerebro funciona con predicciones basadas en la interocepción. (Location 1846)

CAPÍTULO 5 Conceptos, metas y palabras

Toda información sensorial es un puzle enorme en constante cambio que el cerebro debe solucionar. Los objetos que vemos, los sonidos que oímos, los olores que olemos, las cosas que tocamos, los gustos que saboreamos y las sensaciones interoceptivas que sentimos como achaques, dolores y afectos…, todos suponen señales sensoriales continuas que son muy variables y ambiguas cuando llegan al cerebro. La tarea del cerebro es predecirlas antes de que lleguen, rellenar los detalles que puedan faltar y encontrar regularidades donde sea posible para que experimentemos un mundo de objetos, de gente, de música y de sucesos, no la «tremenda y zumbante confusión» que hay en realidad ahí fuera. (Location 1951)

Nuestras percepciones son tan vivas e inmediatas que nos obligan a creer que experimentamos el mundo tal como es cuando en realidad experimentamos un mundo construido por nosotros. Gran parte de lo que experimentamos como el mundo exterior empieza dentro de nuestra cabeza. Cuando categorizamos usando conceptos, vamos más allá de la información disponible, como hemos hecho al percibir una abeja en las manchas. (Location 1958)

Los filósofos y los científicos definen una categoría como un conjunto de objetos, sucesos o actos que se agrupan como equivalentes para algún fin. Definen un concepto como una representación mental de una categoría. (Location 1977)