Una paciente tuvo una conversación extensa con su mamá, en donde se enteró de muchas cosas respecto de la historia familiar. Muchas de estas cosas resonaban muy claramente con patrones y dolores de su propia vida.

Reflexionamos sobre cómo, incluso aunque uno no alcance a pensarlo -ya sea por ser muy pequeño o no conocer las historias de los personajes involucrados-, los procesos genealógicos determinan un cierto cauce dentro del cual uno opera. Este cauce incide en qué recorridos ontogénicos o “formas de ser” están más disponibles o no para nosotros, todo en términos de probabilidades.

Durante la psicoterapia, el ejercicio de historización explícita de los procesos genealógicos ayuda a visualizar estos cauces, antes ocultos, y así entender mejor por qué hemos sido de la manera en que hemos sido. El verlo nos permite tener la opción de hacer algo al respecto, cosa que no sucede cuando no sabemos que esos cauces existen, o qué forma tienen.