En Psicoanálisis, se habla del giro relacional para hacer referencia al proceso de cambio en supuestos básicos que organizaban la comprensión del fenómeno de la relación terapéutica.
Desde un comienzo, se planteaba que el analista, después de haber sido analizado, funcionaba como un espejo pulcro, por lo que la explicación de todos los fenómenos que se daban durante la sesión analítica debía buscarse en el paciente. Esta comprensión suscitaba un tipo de relación propensa a posiciones autoritarias de parte del analista.1
Con el advenimiento de corrientes culturales como el postmodernismo, y el propio trabajo de las instituciones analíticas, particularmente norteamericanas, esa perspectiva comenzó a cambiar, planteándose que lo que sucede en la situación analítica es un emergente de la relación entre analista y analizando.2
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