Hoy en supervisión revisamos el caso de un hombre de 3X años, que evidentemente tiene un complejo de inferioridad en relación a su identidad masculina. A propósito de esto, en un momento la conversación gira en torno a la sexualidad. Yo comenté que me parecería muy importante indagar con detalle toda la historia de su relación con la sexualidad, desde sus primeras experiencias hasta la situación con su actual pareja. La compañera que supervisaba, sin embargo, comentó que no se sentía cómoda indagando en esa área, y que siente que los mismos nudos pueden observarse en otros ámbitos de la vida de la persona, entonces no le encuentra sentido o valor agregado a meterse ahí.

A mi, sin embargo, me quedó la sensación que no es lo mismo. Que en general, pero en particular en este caso, indagar directamente en la sexualidad entrega algo que no se podría obtener de otra fuente. Sin embargo, no me es tan sencillo formular por qué lo pienso. En parte tenía que ver con que, en este caso en particular, el que una mujer indagara podía hacer florecer todo el complejo en este hombre, lo cual lo haría disponible al trabajo analítico.

Independientemente de mi dificultad, se me apareció la noción clínica lacaniana de “la Resistencia del analista”, y que debemos estar idealmente preparados para indagar en cualquier tema, si no es así, es que quizás nos falta elaborarlo en nuestras propias vidas.