Dado que las especies están en un proceso de constante adaptación a su entorno, cuando en una de ellas se desarrolla una nueva adaptación, todas las especies que están tróficamente vínculadas son víctimas de una presión adaptativa.
“Las abejas están muy bien adaptadas para extraer alimentos de las plantas: sus vellos hacen que el polen se adhiera fácilmente a sus cuerpos, tienen órganos especializados, un aparato bucal que les permite succionar el néctar… y como a las plantas les sirve que se alimenten de ellas, porque facilitan su reproducción, la selección natural ha ido premiando a aquellas que cuentan con dispositivos visuales que resultan especialmente llamativos para las abejas, que son capaces de identificarlos y buscarlos especialmente. Coevolucionan, entonces, los rasgos de las plantas que atraen a las abejas y los órganos sensoriales que hacen que las abejas se sientan atraídas por determinadas plantas ricas en polen y néctar” (Location 276)