Highlights
INTRODUCCIÓN
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La meditación en su esencia es el arte de estar consciente, consciente de lo que está pasando dentro de ti y a tu alrededor.
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A la mayoría de nosotros se nos ha enseñado que para triunfar en la vida tenemos que pelear, luchar, enfocarnos, concentrarnos. El problema de este planteamiento radica en que cuanto más luchamos, más tensos nos ponemos. Y cuanto más tensos estamos, peor nos va. El planteamiento meditativo es comprender que para estar en nuestro punto óptimo, para dar en todo momento lo mejor de nosotros—y recibir lo mejor de cada momento—, necesitamos estar lo más conscientes posible. Y para estar conscientes, tenemos que estar relajados.
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En este libro, se habla de calmar la mente, de aprender cómo esta inapreciable biocomputadora puede ser tu mejor amiga. Y de cómo encontrar el interruptor que desconecta. Cuando necesites la mente, puedes usarla. Cuando no la necesites, puedes dejarla descansar tranquila—lista para cuando la vuelvas a necesitar—, libre de su cualidad de incesante charlatana.
uno ¿QUÉ ES MEDITACIÓN?
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El objeto del interés religioso es el que se concentra, el que contempla. ¿Quién es ese objeto? Ahora bien no puedes concentrarte en él. ¿Quién se concentrará en él? Tú eres
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Es como un espejo. El espejo puede reflejarte, el espejo puede reflejar todas las cosas del mundo, ¿pero puedes hacer que el espejo se refleje a sí mismo? No puedes poner ese espejo enfrente de sí mismo; cuando lo hayas puesto enfrente de sí mismo, ya no estará allí. El espejo no puede reflejarse a sí mismo. La consciencia es exactamente un espejo. Puedes utilizarla como concentración para algún objeto. Puedes utilizarla como contemplación para algún tema.
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Dhyana significa «yo estoy en meditación»; ni siquiera meditando. Si te acercas aún más, entonces «yo soy meditación»; ese es el significado de dhyana.
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Buda se revolvió contra el sánscrito y utilizó el pali. En pali, dhyana es jhana. Jhana llegó a China y se convirtió en ch’an. Ellos no tenían una palabra propia, así que adoptaron la palabra jhana; pero en cada lengua, la pronunciación cambia irremediablemente; se convirtió en ch’an. Cuando llegó a Japón, se convirtió en zen; pero es la misma palabra, dhyana. Y estamos utilizando la palabra «meditación» en el sentido de dhyana, así que no es algo sobre lo que meditas.
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eso es la meditación: sentarse y no hacer nada; ni con tu cuerpo ni con tu mente».
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cuando toda actividad ha cesado y tú simplemente eres, simplemente ser, eso es meditación. No puedes hacerla, no puedes practicarla; tan solo tienes que comprenderla.
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Una vez que te has dado cuenta de la forma en que tu ser puede permanecer sin ser perturbado, entonces, poco a poco, puedes empezar a hacer cosas, teniendo cuidado de que tu ser no se agite. Esa es la segunda parte de la meditación. Primero, aprender simplemente a ser, y luego aprenderlo en las pequeñas acciones: limpiar el suelo, tomar una ducha, pero manteniéndote centrado. Más adelante, puedes hacer cosas complicadas.
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Tú no eres el hacedor, tú eres el observador.
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eres el observador, puedes observar toda la escena. No existe el esfuerzo de concentrarse en algo, no existe el esfuerzo de contemplar algo. No estás haciendo ninguna de estas cosas, simplemente estás observando, siendo consciente. Es un truco. No es una ciencia, no es un arte, no es una habilidad; es un truco.
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No tienes que sentarte en la postura del loto. En mi enfoque de la meditación, no hace falta que te tortures a ti mismo en ningún sentido.
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No se necesita ninguna postura especial, no se necesita ningún momento en especial.
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Puede ocurrir cualquier día, puede que no ocurra: todo depende de lo juguetón que seas.
dos LA MEDITACIÓN ES TU NATURALEZA
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Todo lo que la mente pueda hacer no puede ser meditación, es algo que está más allá de la mente, la mente es absolutamente impotente ahí. La mente no puede penetrar la meditación; donde acaba la mente empieza la meditación.
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la meditación no es un logro, es ya así, es tu naturaleza. No tiene que lograrse; solo tiene que reconocerse, solo tiene que recordarse.
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La meditación es un estado de claridad, no un estado mental. La mente es confusión. La mente nunca es clara. No puede serlo. Los pensamientos producen nubes a tu alrededor, son nubes sutiles. Producen una niebla y se pierde la claridad. Cuando los pensamientos desaparecen, cuando ya no hay más nubes en torno a ti, cuando estás en tu simple ser, ocurre la claridad.
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«Abandona el pensamiento» significa sencillamente: no hagas nada. Siéntate. Deja que los pensamientos se serenen por sí mismos. Deja que la mente abandone por su cuenta. Tú solamente siéntate, mirando a la pared, en un rincón silencioso, sin hacer nada en absoluto. Relajado. Suelto. Sin esfuerzo. Sin ir a ningún lugar. Como si estuvieras quedándote dormido despierto; estás despierto y relajándote, pero todo tu cuerpo está quedándose dormido. Permaneces alerta dentro, pero todo el cuerpo se mueve hacia la relajación profunda.
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Es como si un arroyo se hubiera enfangado… ¿qué haces? Saltas dentro y empiezas a ayudar a la corriente a volverse clara… La volverás más turbia. Simplemente te sientas a la orilla. Esperas. No se puede hacer nada. Porque cualquier cosa que hagas enturbiará más la corriente.
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No es que tú la traigas a ti, ella viene a ti.
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Si la charla interior puede cesar aunque sea durante un momento, podrás tener un atisbo de la no-mente. De eso se trata la meditación. El estado de no-mente es el estado correcto.
Meditación es un estado de no mente.
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¿Pero cómo llegar a un intervalo donde la mente detenga el parloteo interior? Si lo intentas, de nuevo lo perderás. Pero no es necesario intentarlo. De hecho, el intervalo está ocurriendo continuamente; solo se necesita un poco de estado de alerta.
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Empieza a fijarte en los espacios. No con esfuerzo, no hay necesidad de tensionarse. Relajado—fresco—, de una forma juguetona, solo como diversión. No hay necesidad de ser religioso respecto a ello; de lo contrario te vuelves serio, y una vez que te vuelves serio, es muy difícil pasar de las palabras a las no-palabras. Es muy fácil si permaneces suelto, fluyendo, no serio, juguetón, como si fuera solo diversión.
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Una persona realmente meditativa es juguetona: para ella la vida es diversión, la vida es leela, un juego. La disfruta tremendamente. No es serio. Es relajado.
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Las palabras son figuras; el silencio es el fondo.
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Deja atrás la palabra y muévete hacia el intervalo; usa la palabra como trampolín y salta al abismo.
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Una palabra nueva es siempre atractiva; un sueño nuevo, un deseo nuevo, siempre son atractivos. Pero si puedes ver que la mente está sencillamente repitiendo lo mismo una y otra vez, o bien te quedas dormido o saltas al silencio, esas son las dos posibilidades. Y
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lo primero que hay que recordar sobre la mente es: es un parloteo continuo. Ese parloteo la mantiene viva, ese parloteo es un alimento para ella; sin ese parloteo, la mente no puede continuar. Así que libérate de las garras de la mente, es decir, libérate del parloteo interno.
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la motivación inconsciente. La mente continúa intimidándote y mandándote porque no eres capaz de ver sus motivaciones reales. Una vez que una persona se vuelve capaz de ver las motivaciones reales, la meditación está muy cerca… porque entonces la mente ya no te tiene atrapado.
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La mente ambiciosa no puede meditar porque el fundamento básico de la meditación es ser no ambicioso.
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El sonambulismo es el estado ordinario de la mente. Si quieres convertirte en un meditador, tienes que abandonar esta costumbre soñolienta de hacer cosas. Camina, pero permanece alerta. Cava un hueco, pero permanece alerta. Come, pero mientras comes no hagas nada, solo come. Cada bocado debería tomarse con profundo estado de alerta; mastícalo, estando alerta. No te permitas atropellar al mundo. Sé aquí, ahora. Siempre que atrapes a la mente yendo a otra parte… siempre está yendo a otra parte, nunca quiere estar aquí. Porque si la mente está aquí, ya no se la necesita más; justamente, en el presente no se necesita la mente, la consciencia es suficiente.